26 DE OCTUBRE DE 2026
De Vuelos y de Cielos

OSHKOSH: Hay que vivirlo al menos una vez

Después de seis o siete visitas —y de haber cumplido el sueño de llegar una vez pilotando su propio avión—, el Cap. Arturo Guerra comparte cómo se vive EAA AirVenture desde la mirada de un piloto

OSHKOSH: Hay que vivirlo al menos una vez

Hay muchas maneras de llegar a Oshkosh. Para un piloto, quizá ninguna resulte tan tentadora como hacerlo a los mandos de su propio avión. El Cap. Arturo Guerra, de Monterrey, ya lo hizo. Era una de esas experiencias que quería, como él mismo dice, “palomear en la bitácora”.
Fue hace algunos años, a bordo de un Cessna 210. La experiencia resultó tan emocionante como demandante.
Llegar a EAA AirVenture volando significa incorporarse a un extraordinario flujo de aeronaves que convergen hacia Wittman Regional Airport. Las instrucciones son precisas y el tráfico, intenso. Durante buena parte del procedimiento el piloto escucha más de lo que habla: desde tierra identifican a cada aeronave por sus características y pueden pedir al piloto que mueva las alas para confirmar que han establecido contacto.
En el caso del Cap. Guerra hubo un ingrediente adicional. La velocidad de su Cessna 210 era mayor que la de algunas aeronaves que llevaba por delante. Durante la aproximación fue alcanzando tráfico más lento y en dos ocasiones recibió la instrucción de irse al aire.

Ascender, incorporarse nuevamente al procedimiento y volver a intentarlo.
Hasta que finalmente llegó el aterrizaje.
“Quería palomear eso en mi bitácora, hacerlo alguna vez”, recuerda. Cumplida la misión, sus siguientes visitas han tenido un enfoque diferente. Hoy prefiere viajar en aerolínea, llegar con tranquilidad y reservar la energía para recorrer y disfrutar el evento.
UNA CIUDAD QUE VIVE PARA VOLAR
En 2026, la dimensión de AirVenture volvió a superar expectativas. Celebrado del 20 al 26 de julio, el encuentro alcanzó un nuevo récord con aproximadamente 734 mil asistentes y más de 10 mil aeronaves arribando a Oshkosh y aeropuertos cercanos.
La edición tuvo además un contexto especial: la celebración de los 250 años de la independencia de Estados Unidos, que encontró en Oshkosh un escenario natural para recorrer parte de su historia aeronáutica. Warbirds y aeronaves clásicas compartieron cielo y plataforma con algunos de los equipos militares y acrobáticos más avanzados del presente, en una semana que permitió mirar hacia atrás y, casi al mismo tiempo, hacia el futuro de la aviación.
Para Arturo Guerra, sin embargo, comprender Oshkosh requiere caminarlo.
El recinto se convierte prácticamente en una ciudad aeronáutica. En la medida de lo posible, las aeronaves son organizadas por categorías: warbirds, experimentales, clásicos, ultraligeros y otros grupos ocupan áreas determinadas. Para el visitante esto tiene una enorme ventaja: si existe un tipo de avión que particularmente le interesa, sabe hacia dónde dirigir sus pasos.
Y son muchos pasos.
Entre las recomendaciones más sencillas del capitán hay una que conviene tomar muy en serio: llevar zapatos cómodos.
En el corazón del recinto ferial, se encuentran los hangares A, B, C y D que reúnen a cientos de proveedores. Hélices, componentes, aceites, herramientas, equipos y prácticamente cualquier producto relacionado con la aviación puede encontrarse ahí. Afuera, los grandes fabricantes despliegan sus aeronaves y espacios de exhibición, donde es posible conocer modelos, subir a ellos, conversar con representantes y descubrir novedades de la industria.
A esto se suman conferencias, talleres, exhibiciones, áreas de camping, restaurantes y transporte interno para desplazarse dentro de un espacio que difícilmente puede recorrerse por completo.
Después de varias visitas, Guerra encontró su propia fórmula: unos tres días pueden ser suficientes, siempre que se elijan bien.

CUANDO CAE LA NOCHE
Su recomendación es intentar hacer coincidir la visita con uno de los espectáculos nocturnos.
AirVenture ofrece exhibiciones aéreas durante la semana, pero cuando desaparece la luz del día, Oshkosh cambia de personalidad. Aeronaves iluminadas, acrobacia, humo, pirotecnia y drones convierten el cielo en un escenario completamente distinto.
Para Guerra, entre todo lo que vio en esta edición, la respuesta es inmediata cuando se le pregunta qué fue lo que más le impresionó: el show nocturno.
Durante el día, AirVenture 2026 reunió desde históricos warbirds hasta demostraciones de aeronaves militares modernas y equipos internacionales. La presencia de los Red Arrows de la Royal Air Force, que debutaron en Oshkosh, y de The Flying Bulls, que llevaron desde Europa su P-38 Lightning y Douglas DC-6B, dio además un marcado carácter internacional a la celebración.
Pero este año la naturaleza también recordó que, incluso en una organización de esta magnitud, hay factores que nadie controla. El humo procedente de los incendios forestales de Canadá redujo considerablemente la visibilidad durante algunos periodos, afectando temporalmente las llegadas. Para quienes esperaban entrar volando, la paciencia volvió a formar parte del procedimiento.

UNA VEZ EN LA BITÁCORA
Oshkosh puede vivirse de muchas maneras. Algunos llegan en aerolínea y se hospedan en la ciudad; otros vuelan hasta Wisconsin, estacionan su aeronave y levantan una tienda de campaña junto a ella. Hay quienes viajan buscando novedades tecnológicas y quienes podrían pasar días enteros entre warbirds y aviones clásicos.
Arturo Guerra conoce varias de esas formas de vivirlo.
También conoce la sensación de aproximarse a Oshkosh rodeado de aeronaves, escuchar por radio cómo desde tierra intentan identificar su avión, mover las alas para responder sin ocupar la frecuencia y esperar finalmente la instrucción que lo llevará hasta la pista.
Ya estuvo ahí. Ya lo hizo.

Hoy puede viajar en aerolínea, caminar con calma entre miles de aeronaves, reencontrarse con amigos, recorrer los hangares y esperar a que llegue la noche.
Porque hay experiencias que un piloto quiere palomear al menos una vez en su bitácora.
Después, quizá, deja de importar tanto cómo se llega a Oshkosh.
Lo verdaderamente importante es haberlo vivido.

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