En 1947, cuando la aviación mexicana apenas comenzaba a extender sus alas, un grupo de pilotos se reunió en el número 7 de la calle de Lucerna, en la colonia Juárez de la Ciudad de México. El propósito era claro: crear una institución capaz de velar por el desarrollo profesional y defender la voz de los pilotos aviadores mexicanos.
Setenta y nueve años después, aquella misión volvió a resonar durante la LXXIX Asamblea General Ordinaria Conmemorativa del Colegio de Pilotos Aviadores de México (CPAM). Una noche de reconocimientos, memoria y, particularmente, de relevo generacional.
Después de cuatro años al frente del Colegio, el P.A. Ángel Domínguez Catzín entregó la presidencia a Paul Castelazo Rodríguez, quien, con apenas 27 años, se convirtió en el presidente más joven en la historia de la institución.
El momento tenía un simbolismo difícil de ignorar: casi ocho décadas de historia pasaban a manos de una nueva generación.
“No vengo a romper la historia del Colegio, vengo a honrarla. No vengo a improvisar, vengo a trabajar.”
Con esas palabras, Castelazo marcó el tono de una gestión que propone unir, modernizar y defender, pero también tender puentes entre generaciones, especialidades y autoridades.
Su mensaje fue igualmente contundente al recordar que el Colegio no pertenece a una persona ni a una generación: pertenece a los pilotos mexicanos.
UNA NOCHE DE GENERACIONES
Quizá pocas imágenes podrían representar mejor ese encuentro entre pasado, presente y futuro que las vividas durante la Asamblea.
Siete alumnos de la primera generación de Técnico Superior Universitario en Piloto Aviador recibieron sus alas y diplomas, mientras el P.A. Armando Hussein Sobrino Pintor era reconocido al alcanzar su jubilación después de 41 años de trayectoria y más de 22,600 horas de vuelo. En el mismo escenario, el P.A. Raúl Aspe Uribe recibió la presea correspondiente a las 30,000 horas de vuelo.
Unos comenzaban a escribir su bitácora; otros podían mirar hacia atrás y descubrir en ella prácticamente una vida entera.
La noche también rindió homenaje al P.A. Gilberto López Meyer, expresidente del CPAM, quien recibió la Presea Baldomero H. Astudillo, máxima distinción de la institución, por una trayectoria que ha trascendido las fronteras de México.
EL RELEVO
Ángel Domínguez Catzín se despidió dejando tras de sí avances como el Reconocimiento de Validez Oficial de Estudios para la Licenciatura en Piloto Aviador, la consolidación del Centro de Capacitación, la apertura de una oficina en Guadalajara y la creación del Comité de Aviación Ejecutiva.
Pero quizá el acto más significativo de aquella noche no estuvo solamente en los discursos. Estuvo en la entrega de la banda presidencial.
En 1947, un grupo de pilotos decidió organizarse para defender profesionalmente a los suyos. En 2026, un joven piloto de 27 años recibe esa misma responsabilidad.
Han cambiado los aviones, los aeropuertos y la dimensión de la industria. También han cambiado las generaciones. Pero, a punto de cumplir ocho décadas, permanece una misión que atraviesa la historia del Colegio: unir a los pilotos mexicanos y mantener su voz presente en la construcción de la aviación nacional.