Hablar con Héctor Estévez es entrar a una conversación cargada de adrenalina, memoria y pasión. Con más de 35 años en el paracaidismo, su historia es también la historia de la evolución de este deporte en México.
Recuerda sus inicios con una frase que resume toda una época: "todavía me tocó el paracaidismo en blanco y negro, antes de que la tecnología lo convirtiera a colores". Su primer salto, cuenta, nació de la curiosidad pura: querer saber qué se sentía lanzarse de un avión. El miedo estuvo presente desde el inicio —"sí, y mucho"—, pero lejos de alejarlo, se convirtió en el motor que lo atrapó.
Para él, el paracaidismo tiene algo profundamente adictivo: enfrentarse al riesgo, salir bien librado y experimentar una felicidad difícil de comparar. Con el tiempo, cada salto se vuelve más controlado, más preciso. "Pasa todo y no pasa nada", dice, describiendo esa mezcla de intensidad y dominio.
Pero más allá de la caída libre, Héctor destaca algo que pocas veces se menciona: la comunidad. En el aire encontró amistades que se transforman en familia. A lo largo de su trayectoria ha acumulado incontables historias: exhibiciones, viajes y saltos por toda la República Mexicana. Sin embargo, hoy su enfoque está en el salto tándem, una modalidad que le permite compartir la experiencia con quienes se atreven por primera vez.
El crecimiento del paracaidismo en México. Desde su perspectiva, el crecimiento del paracaidismo en México ha sido notable en los últimos años. La tecnología y el auge de los deportes extremos han impulsado una actividad que hoy se posiciona como una de las más seguras y emocionantes para quienes buscan nuevas experiencias. Actualmente existen diversos centros en el país, entre ellos zonas como Cuautla, Tequesquitengo, Vallarta, Playa del Carmen y San Carlos, en Sonora. Pero si hay un lugar que destaca en su relato, es Skydive Cuautla.
Skydive Cuautla: historia de una zona icónica. La historia de Skydive Cuautla está profundamente ligada al desarrollo del paracaidismo en México. Héctor cuenta que nació en 1990, impulsado por la pasión de su fundador, Antonio Montaño Osnaya, junto con su familia y un grupo cercano de entusiastas. Cuautla no fue una elección al azar: su cercanía con la Ciudad de México, su altitud y su entorno turístico la convirtieron en un punto ideal. Los primeros saltos se realizaron en una pequeña pista en Casasano, utilizando un Cessna 182, marcando el inicio de una nueva etapa para el deporte.
Uno de los momentos clave fue la introducción del primer avión Twin Otter dedicado exclusivamente al paracaidismo en México. Este hecho marcó un antes y un después: permitió saltos a mayor altura, formaciones más grandes y atrajo a paracaidistas de todo el mundo. Con el crecimiento de la actividad, surgió la necesidad de un espacio más amplio, lo que llevó a la creación del aeródromo en Huitzililla, Morelos. Hoy, esta zona es reconocida a nivel internacional y está afiliada a la USPA, organismo que regula estándares de seguridad y operación en el deporte.
A más de tres décadas de su fundación, Skydive Cuautla se ha consolidado como una de las zonas más importantes del país, con presencia también en Puebla y Puerto Escondido, y un equipo amplio de instructores, camarógrafos y especialistas en distintas modalidades de vuelo.
¿Y tú, por qué no saltas? Héctor lo resume con una invitación directa: hoy el paracaidismo es uno de los deportes más seguros, y la experiencia está al alcance de quienes decidan intentarlo. Un salto tándem permite vivir casi un minuto de caída libre a más de 200 km/h, seguido de un descenso suave bajo el paracaídas. Para muchos, es suficiente. Para otros, es apenas el comienzo. Porque, como deja ver en cada una de sus palabras, el paracaidismo no es solo un deporte: es una forma de entender la libertad.