Hay quienes tienen la fortuna de encontrar su misión de vida desde muy temprana edad, mientras otros pasan la vida intentando encontrar su lugar. Encontrar una vocación no significa únicamente elegir una profesión; es descubrir aquello que despierta la curiosidad, alimenta el alma y da sentido a cada esfuerzo, incluso cuando el camino parece cuesta arriba.
Tal es el caso de la Capitana Verónica Cervantes Zúñiga, quien, mientras cursaba la preparatoria, decidió realizar una prueba de vuelo. La aviación ya corría por sus venas. Su padre, abogado de profesión, contribuyó a la fundación de la Escuela México de Aviación junto con los capitanes José Bastida y Miguel Batanero. Ahí se formó su hermano como piloto y, además, la familia era propietaria de un Beechcraft Bonanza.
También recuerda que desde muy pequeña su madre la llevaba a los miradores del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, donde pasaba horas contemplando el ir y venir de los aviones, imaginando la libertad que representaba no tener que permanecer siempre en un mismo lugar.
A los diecisiete años realizó su primera hora de vuelo a bordo de un Cessna 150 y, mientras acumulaba horas en su bitácora, estudió la Licenciatura en Administración de Empresas Turísticas en la Universidad Anáhuac. Desde joven amaba viajar, mostrando una gran facilidad para los idiomas y, hasta la fecha, domina siete: español, inglés, alemán, portugués, ruso, francés e italiano.
Fue la única mujer de su generación en la Escuela México de Aviación. Desde el primer día tuvo que demostrar que estaba hecha para volar y que podía desempeñarse al mismo nivel que cualquiera de sus compañeros.
Al concluir las 180 horas requeridas para obtener la licencia de piloto comercial, se enlistó en Aeroméxico. Era 1981. En las cabinas de mando prácticamente no existía lugar para las mujeres. Con apenas veintiún años se convirtió en la segunda mujer en ocupar el puesto de copiloto de un DC-9 dentro de la aerolínea, abriendo camino para las generaciones que vendrían después. Hoy, la plantilla de pilotos de Aeroméxico está integrada por alrededor de 130 mujeres y poco más de 1,100 hombres.
Mientras su carrera despegaba con fuerza, también encontró el amor. En 1982 contrajo matrimonio con su colega Eduardo Garciagodoy. Ese mismo año recibió el Premio Nacional de la Juventud, en la categoría Mérito al Trabajo, de manos del presidente José López Portillo.
En 1988, con la mayor alegría, recibieron a Mariana, su primera hija, al mismo tiempo que enfrentaban la quiebra de Aeroméxico. La situación los llevó a dejar el país. Verónica ocupó el puesto de primer oficial en Pan American World Airways, convirtiéndose en la primera mujer mexicana en desempeñarse como copiloto en una aerolínea estadounidense, mientras que su esposo hizo lo propio en Midway Airlines, ambos con base en Nueva York.
La experiencia internacional fue breve. En 1991 ambas aerolíneas se declararon en quiebra y regresaron a la que siempre consideraron su segunda casa: Aeroméxico, donde fueron recibidos nuevamente con la calidez que siempre distinguió a la empresa. Verónica continuó su carrera como copiloto de los Boeing 757 y 767.
Cabe señalar que fueron la primera pareja de pilotos dentro de Aeroméxico. Próximos a celebrar sus bodas de zafiro, representan un ejemplo de que el CRM (Crew Resource Management) también puede vivirse fuera de la cabina, al lograr equilibrar dos carreras como pilotos con la formación de dos pequeñitas.
Pues en 1992 nació Cristina, su segunda hija, y cada vez que a Verónica le correspondía salir de viaje se despedía de ellas con una frase: —Mamita se va, pero siempre regresa.
Procuraron que sus hijas permanecieran siempre en casa, al cuidado de personas de absoluta confianza, mientras ellos cumplían con sus itinerarios. Aunque compartían profesión, fueron pocas las ocasiones en que compartieron oficina; recuerda especialmente destinos como Madrid, París, Buenos Aires y Perú.
Pasaron dieciocho años como copiloto para que, en 1999, por escalafón, la Capitana Cervantes recibiera el nombramiento como comandante, primero, del DC9-15/32 y años más tarde del Boeing 777, el avión de mayor capacidad que operaba Aeroméxico en ese momento.
Con cerca de 300 toneladas de peso máximo de despegue y una envergadura cercana a los 61 metros, aquel gigante de los cielos se convirtió —como ella misma lo describe— en el más grande amor de su vida.
Por si fuera poco, Verónica también se convirtió en la primera mujer Jefa de Equipo en la historia de Aeroméxico, sumando una estrella dorada a sus cuatro barras de comandante.
Desde esa posición impulsó una idea que marcaría un precedente: organizar un vuelo integrado únicamente por mujeres. Ella fungió como comandante del triple siete, acompañada por dos primeras oficiales y diez sobrecargos. Así nació la primera tripulación completamente femenina en un vuelo transpacífico de Aeroméxico.
El histórico “VUELO ROSA” despegó de Tijuana con destino a Shanghái en 2017. Trece horas después no solo habían cruzado el océano Pacífico; también habían demostrado que las mujeres podían ocupar cualquier lugar dentro de la aviación comercial.
Al año siguiente impulsó otra iniciativa histórica. Con motivo del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, Aeroméxico operó nueve vuelos con tripulaciones integradas exclusivamente por mujeres. Los destinos abarcaron los cuatro puntos cardinales: hacia el oeste, Japón y Puerto Vallarta; al norte, Canadá, Nueva York, Houston y Monterrey; al sur, Perú y El Salvador; y hacia el este, Madrid.
Para Verónica, formar parte de aquel momento representó una enorme satisfacción y la certeza de que las nuevas generaciones encontrarían un camino mucho más abierto que el que ella tuvo que recorrer.
Al preguntarle sobre la participación femenina en la aviación, comparte una reflexión que resume buena parte de su trayectoria:
No hay fecha que no llegue ni plazo que no se cumpla. Tal como lo había dicho años atrás, volaría hasta cumplir sesenta años. Cumplió esa edad en julio de 2019 y en esa fecha realizó su último vuelo como comandante de Aeroméxico, a bordo de un Boeing 787 con destino a Japón. Más de treinta familiares y amigos la acompañaron para despedir una trayectoria ejemplar.
Llena de sentimientos encontrados comprendió que solo tenía dos opciones: sufrir la despedida o agradecer por toda una vida de despegues y aterrizajes; de amigos, colegas, pasillos, pasaportes, pasajeros, pistas, visas, maletas y ausencias. Eligió agradecer.
Con ese vuelo escribió una página más en la historia de la aviación mexicana. Además de haber sido la segunda mujer piloto en ingresar a Aeroméxico, se convirtió en la primera mujer piloto de la aerolínea y la primera mujer piloto en México en alcanzar la jubilación después de desarrollar toda su carrera en una línea aérea comercial, culminando una trayectoria que abrió camino para cientos de mujeres que hoy ocupan una cabina de mando.
Lejos de considerar concluido su camino, Verónica continúa volando, ahora por placer, entre México, Estados Unidos y Europa. Disfruta compartir sus experiencias con las nuevas generaciones de mujeres pilotos y participa con frecuencia en encuentros y foros donde impulsa una mayor presencia femenina dentro de la industria aeronáutica.
Hoy su tiempo pertenece a sus hijas. Mariana, directora de orquesta que reside en Francia, y Cristina, bióloga establecida en Alemania, son ahora el mejor pretexto para seguir viajando por el mundo.
Después de toda una vida de vuelos, toca seguir cruzando océanos, pero ahora por el simple placer de abrazarlas. Porque, como tantas veces les prometió antes de partir a trabajar, mamita se va, pero siempre regresa...
Cinco años después de su retiro, recibió una de las condecoraciones más importantes de su trayectoria. En diciembre del 2024, la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT), en conjunto con la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC), le otorgó la Presea "Emilio Carranza", al acreditar más de 20,000 horas de vuelo certificadas en bitácora. La distinción reconoce el profesionalismo, la disciplina, la entrega y la vocación de servicio de quienes han dedicado su vida al fortalecimiento de la aviación mexicana.