26 DE OCTUBRE DE 2026
Factor Humano

La Fatiga no rompe el sistema de golpe

Poco a poco nuestro cuerpo nos habla y nos pide descanso, pero le hacemos caso?

La Fatiga no rompe el sistema de golpe

El vuelo transcurre con normalidad. La aeronave opera sin anomalías y la tripulación conoce los procedimientos. Sin embargo, una instrucción tiene que repetirse; una comprobación habitual requiere algunos segundos adicionales y, más tarde, otro miembro de la tripulación corrige una pequeña omisión. Nada parece importante. Pero algo ha comenzado a cambiar.

La aviación nos ha acostumbrado a buscar señales porque detrás de una pequeña desviación puede ocultarse un problema mayor. Sin embargo, existe un componente cuyo deterioro no siempre viene acompañado de una alarma: el ser humano. La fatiga puede instalarse de forma progresiva mientras la persona continúa trabajando, convencida de que su desempeño se mantiene estable. El peligro puede haber empezado mucho antes de que resulte difícil mantener los ojos abiertos.

La falta de descanso, la vigilia prolongada, los turnos nocturnos, los cambios de huso horario y la carga de trabajo pueden reducir el rendimiento. Una respuesta tarda más; disminuye la vigilancia; aparecen omisiones o se pierde parte de la visión global. No porque el tripulante haya olvidado lo que sabe, sino porque disminuye su capacidad para utilizarlo con precisión. Lo inquietante es que el mismo cerebro cuyo rendimiento comienza a disminuir es también el encargado de evaluar qué tan bien está funcionando.

En 2000, Ann Williamson y Anne-Marie Feyer compararon la vigilia prolongada con dosis controladas de alcohol. Después de 17 a 19 horas sin dormir, el rendimiento en algunas pruebas fue equivalente o inferior al observado con una concentración de alcohol en sangre de 0,05 %. No significa que ambos fenómenos sean idénticos; demuestra que la falta de sueño puede comprometer la velocidad y la precisión antes de que una persona se considere incapaz de continuar.

La seguridad tampoco descansa sobre un solo individuo. Los procedimientos, las listas de verificación y la gestión de recursos de la tripulación (CRM) permiten que sus integrantes se supervisen y corrijan. Pero la fatiga debilita esa barrera: la comunicación pierde precisión, aumenta la irritabilidad y una confirmación puede omitirse. Ya no hablamos solo de un tripulante cansado, sino de un equipo con menor capacidad para detectar errores.

Aquí aparece la idea central: la fatiga no rompe el sistema de golpe; lo debilita silenciosamente, capa por capa. Se manifiesta en una reacción más lenta, una comunicación menos clara, una comprobación omitida o menor conciencia situacional. Por separado, quizá ninguna desviación provoque un accidente. El peligro aparece cuando comienzan a alinearse.

Gestionar este riesgo exige responsabilidad individual y organizacional. Cada profesional debe administrar su descanso y reconocer sus límites, pero también influyen las jornadas, los itinerarios y la carga de trabajo. Por ello existen sistemas de gestión de riesgos asociados a la fatiga (FRMS), basados en datos y principios científicos. Su eficacia depende de que reportar fatiga se entienda como información de seguridad, no como falta de compromiso.

En la operación diaria no debemos esperar una señal dramática. Repetir una instrucción, releer una lista o corregir una omisión no demuestra por sí solo que exista fatiga. Cuando varios indicios aparecen juntos o se apartan del desempeño habitual, justifican reforzar la verificación cruzada, comunicar la condición y reevaluar la aptitud para continuar. La gestión comienza antes del límite, no después de rebasarlo.

La experiencia no elimina la necesidad de dormir, y la voluntad no puede sostener indefinidamente a un cerebro privado de descanso. Por eso, saber cuándo no volar también forma parte de saber volar. La paradoja más peligrosa de la fatiga es que no necesitamos estar agotados para ser vulnerables. El riesgo aparece mucho antes, precisamente cuando todavía creemos que podemos continuar con normalidad.