La aviación en México se inició en forma tan original como romántica. Aquellos pioneros sentaron las bases y despertaron el interés de la población por surcar los cielos capitalinos de Balbuena donde todo empezó. Entre estos nombres resalta el del General Federico Cervantes Muñozcano, quien fuera el primer mexicano con licencia para volar.
Federico Cervantes vio la primera luz en Oaxaca el 8 de marzo de 1885. Este célebre militar quien fuera descendiente de Benito Juárez y a la vez pariente de Don Porfirio Díaz, ingresó al Heroico Colegio Militar a la edad de 16 años, en aquel lejano año de 1901.
Después de ocho años de estudio Federico presentó su examen final el 06 de diciembre de 1909. La primera misión del joven egresado fue el 17 de diciembre, a tan sólo once días después de haber obtenido el grado de Teniente del Cuerpo Especial de Ingenieros; cuando el Presidente Díaz lo mandó a continuar sus estudios, pero esta vez en Francia los cuales estarían enfocados en aerostación militar. Durante su estadía en Europa y con permiso de México Cervantes fue miembro titular del Aero Club de Francia donde tuvo la oportunidad de nutrir sus conocimientos, enviar a México información precisa no solo de los aeroplanos que se fabricaban, estos informes incluían detalladamente todos los servicios aeronáuticos del ejército francés y escuelas de instrucción.
El primer mexicano en estudiar aeronáutica obtuvo su licencia como piloto aviador el 15 de setiembre de 1911. Esta licencia fue expedida por la Escuela de Aviación de Pau y en octubre de ese mismo año se alzó al vuelo nuevamente pero ahora con la carta credencial de piloto avalado por el Aero Club de Francia. Cuando el oficial mexicano obtuvo ambas licencias ya contaba en su bitácora cerca de cuarenta horas de vuelo incluyendo varias elevaciones en globo.
Regresó a suelo azteca en noviembre de 1911 con la misión de fundar una escuela de aviación en los campos de Balbuena, pero debido a los acontecimientos revolucionarios le fue imposible concretar este proyecto el ya capitán Federico Cervantes fue nombrado por esos días profesor del Heroico Colegio Militar donde impartió materias de Topografía y Cemento Armado. Regresó a Francia el 19 de julio de 1912 ahora con el encargo del Presidente Francisco I. Madero.
Esta segunda estancia en Europa le permitió ingresar a la Escuela Superior de Aeronáutica y su paso no fue en vano, ya que el gobierno francés le rindió un reconocimiento a su labor y aportaciones aeronáuticas siendo condecorado con la Cruz de Caballero de la Legión de Honor, distinción instituida por Napoleón desde 1802.
Con motivo de la manera atroz de la subida de Victoriano Huerta al poder ejecutivo en febrero de 1913, Federico Cervantes fue parte del grupo de militares de carrera que abandonó al ejército federal para incorporarse a la revolución llegando a Sonora y posteriormente a Chihuahua junto con aquel hombre que él admiraba mientras era un cadete y que siguió respetando en el camino de las armas y se destacó de manera tan patriótica que Cervantes llegó a ser el Jefe del Estado Mayor del General Felipe Ángeles.
Durante la lucha constitucionalista piloteó el primer avión en la historia del Estado de Chihuahua y con fecha de febrero de 1914 el nombre de Federico Cervantes quedó grabado para siempre entre el azul y blanco de los cielos norteños. Este vuelo empezó en Ciudad Juárez al tripular un aeroplano adquirido en los Estados Unidos por Emilio Carranza y que por cierto era de tan mala calidad que su final fue trágico al estrellarse en la localidad de Mápula. El piloto quedó herido e inhabilitado al servicio por unos días para emprender el vuelo una vez más en otro aeroplano en calidad de reconocimiento para el apoyo de la División del Norte. Participó de manera activa en batallas decisivas para la causa revolucionaria como lo fue en la toma de Torreón, Paredón y Zacatecas, a su vez fue el representante del general Ángeles durante las sesiones de la convención de Aguascalientes en 1914.
Cuando terminaron los combates de Celaya donde el destino de la revolución tomó partido a favor de Carranza y Obregón, Federico Cervantes que había sido villista y en medio de la derrota sufrida por parte de los convencionistas fue ascendido a General Brigadier el 6 de junio de 1915 por orden del presidente en turno Francisco Lagos y en una anécdota curiosa cinco meses después fue ascendido a general de brigada.
En 1920 en la Ciudad de Kansas City donde vivía en el exilio desde 1916 se enteró de que el fin de la revolución había llegado; regresó al país en 1921 y se dedicó a la docencia por invitación de José Vasconcelos y colaboró para El Universal.
Su historia al servicio de la patria se resume en cinco legajos de 250 páginas cada uno que engrandece el archivo histórico de la SEDENA. El legado de este valiente general cerró el telón de su vida el 06 de mayo de 1966 a sus 82 años en la Ciudad de México. Hoy su nombre está ligado a la aviación mexicana y aunque su mentor, maestro y amigo nunca fue piloto también se le rindió homenaje en la aviación al llevar el nombre de Felipe Ángeles uno de los aeropuertos más populares y el más reciente de nuestro país.